"Gracias por dejame ser parte de esta aventura" leí ni bien traspasé la puerta la nota que me había dejado. "Se fue otra vez" pensé mientras recorría el frío living. Ese mismo frío penetro mi piel y una vez más quebré en llanto, la razón no era porque estaba sola, no era porque tenía miedo, lloraba porque sentía volver esa sensacion ya conocida, que se volvía a apoderar de mi cuerpo de una manera casi burlona.
Seguí caminando por el largo pasillo admirando el frío y terrible silencio que emanaban las paredes, tomo direccion hacia mi cama, en la cual me acuesto y comienzo a revivir esa inmunda sensacion.
Esta sensacion de la cual yo hablo, es muy diferente a la del desamparo ó a la despreocupación, este sentimiento es más bien algo parecido a cuando sentís que se te derrumban las paredes, como si tu habitacion estuviera llena de personas discutiendo, ó más bien como si tu alrededor se borrara y esos sonidos llegaran a aturdirte completamente.
Me acordé de aquella vez en la que salí a correr, y corrí como si me persigieran como si tratara de alcanzar algo, estaba oscureciendo, y todo estaba descampado, sentia el viento como presionaba mis piernas, como si la felicidad misma quisiera penetrar mi alma. El viento se sentia tan fresco y libre que de a momentos me queria engañar con que yo pertenecia a eso, corría espantando mis problemas, huyendo de ellos, pero en el momento en que mi llanto se hizo más intenso, mis piernas perdieron fuerza y caí y me di cuenta que no podía huir de mi propia realidad.
También recorde ese día en que ibamos en el auto, y me contabas una de tus cuentas aventuras, como la juventud apoderaba tu alma, y lo vivaz que eras... mientras que yo solo miraba un patetico monogite que hablaba de sus noches de adolescente, y que no quería volver a ser grande por todas las responsabilidades que "le jodian la vida"; O también recorde una de esas escenas en la mesa, igual a la del auto, pero ya no veia a nadie, ya no eras vos, ni un monigote, ni una adolescente, ya no eras nadie, eras una desconocida que hablaba , reia y experimentaba sin juicio a lo que le producias a los demas.
Permanecía en la cama, mientras me miraba de reojo en el espejo, realmente era yo, ese reflejo, esa era yo, cuando creí que me habia liberado de un problema, y que jamas iba a volver a pasar por esto, era mentira. Me miraba en el espejo, y ya no era la niña frágil, de emociones sencibles. Esa persona, ese sentimiento que no comprendia, era la realidad. Mi propia realidad.
Fuí hasta el living y lei la nota de nuevo: "Gracias por dejarme ser parte de esta aventura". y entre risa y llantó me contesté "no sería la primera vez."
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